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La negativa de Draghi, o la hundida bandera de la plaza de Colón como metáfora



Para el Gobierno –del PP, of course- de ser supersticioso, y lo será, teniendo en cuenta que los más de sus integrantes son seguidores militantes de la secta católica, el dos de agosto se convertirá en una fecha de memoria aciaga.

Y no solo por el anuncio del señor Draghi, que una vez recibidas órdenes de la Fürheresa Merkel, tras anunciar que el BCE tomaría todas las medidas necesarias para acabar con el acoso de los mercados a las deudas de España e Italia, ha dicho que donde dijo digo, digo Diego y ha replegado velas al poner condiciones para no hacer lo que doña Merkel no quiere que se haga, porque le viene muy bien a la banca alemana lo que está sucediendo con las economías del sur del Europa, que le permite hacerse de oro a costa del sufrimiento de los inferiores habitantes del sur.

Aparte de las declaraciones de Draghi, que han dejado a Raxoi cariacontecido y sin saber qué decir ni como reaccionar, se produjeron dos hechos cargados de simbolismo que, de ser supersticiosos como se puede sospechar que son, han debido producir sudores a los integrantes del ejecutivo de Raxoi. Primero el Borbón se cae por enésima vez, en esta ocasión en público, dando con sus reales narices en el suelo.

Más tarde la inmensa bandera que colocó el ahora embajador en Londres y entonces Ministro de Defensa, Federico Trillo –en el entretanto de sacudirse las pulgas del accidente del aéreo en el que perecieron más de sesenta militares y ocupar ‘heroicamente’ el importante enclave de Perejil-, en la Plaza de Colón de Madrid, se ha desplomado como un trapo cualquiera mal tendido.

Esa caída de la enorme bandera colocada por el Ministro de Defensa del Gobierno –del PP, of course- de Aznar, es como una metáfora trágica para el PP. Se desmorona justo el día en el que, con más certeza que nunca, sabe que no tendrá más remedio que solicitar el rescate, que ese rescate llevará a la dimisión de Raxoi, y a una convocatoria electoral en un tiempo prudencial, que es probable que les aparte del poder por decenios.

De tener escudo heráldico los gobiernos, el de Raxoi debería llevar la leyenda de esa frase lapidaria dicha por Draghi: ‘No se puede hacer peor’. Porque, dada la evolución de la economía española, nada de lo que ha hecho el Gobierno –del PP, of course- desde que llegó a La Moncloa ha servido para mejorar la situación económica, sino todo lo contrario.

Los salvajes recortes al estado del bienestar que, en puridad no se pueden llamar recortes sino una tala salvaje, no han mejorado la situación económica sino que han hecho que se entre en una recesión imparable al perder la ciudadanía poder adquisitivo junto con cualquier atisbo de esperanza.

Cargando el coste de la crisis en lo que antes era clase media y ahora es un proletariado perseguido, debilitado económica y moralmente, con los índices de paro más altos de la historia de esta frustrante pseudodemocracia, no ha logrado salir de la crisis, sino todo lo contrario.  

Aunque tal vez habría que plantearse si todo lo que ha hecho el PP desde que llegó al gobierno lo ha llevado a cabo para solucionar la crisis o para implantar su modelo de estado ultraneocon, beneficiando a su casta, a las grandes fortunas y a los oligarcas de todo pelaje, ya sean empresarios esclavistas, banqueros, defraudadores de impuestos y especuladores varios.

En cualquier caso no ha podido evitar que los inversionistas se hayan ido con su dinero a otra parte, y ya son 163.000 millones de euros los que han salido de este país. Cifra que, aparte de inversores extranjeros, corresponde a cuentas de esos ‘patriotas’ de hojalata a los que se les llena la boca de fervor patrio cuando ven un trapo de color rojo y amarillo, cuando asisten a una corrida de toros, o ponen los ojos en blanco cuando reciben una oblea en un rito religioso, pero que se olvidan de él cuando de dinero se trata.

De manera que parece que ni a los suyos, a aquellos que sirve en cuerpo y alma el Gobierno –del PP, of course- contenta. No se ha dado el caso en toda la historia de la pseudodemocracia de un partido que haya concitado tanto descontento y tanto rechazo en apenas ocho meses de ejercicio. Aunque bien es verdad que ninguno como el de Raxoi ganó las elecciones mintiendo tanto a los ciudadanos.

El jueves negro en el que Draghi, o la Fürheresa Merkel, le han hecho darse de narices –como el Borbón contra el suelo- con la cruda realidad de que si quiere acabar con la prima de riesgo por las nubes, no tiene más salida que solicitar el rescate, y que si toma esa decisión se verá abocado a la dimisión, la caída de la enorme bandera de la Plaza de Colon es todo un símbolo, una metáfora de su desastrosa gestión y de su inminente caída.

Y él no tendrá tanta suerte como la enseña, no habrá grúa en el mundo que pueda hacer que ondee rozagante de nuevo. Como lo sabe, Raxoi se niega al rescate aunque la deuda se dispare e hipoteque el futuro de generaciones. Así son estos patriotas de banderas y gestos superfluos. Menos mal que cada día queda un poco menos para seguir sufriéndolo.  

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