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De Facua a Carromero: Apuntes sobre la represión política del PP


Aparte de los recortes, o más bien desmantelamiento total del Estado del Bienestar, la política del Gobierno –del PP, of course-, se caracteriza por sus constantes ataques a las libertades ciudadanas. 


Desde las amenazas casi mafiosas a la organización de consumidores Facua, a la que conmina a que retire una serie de vídeos contrarios a los recortes en Sanidad y Educación Públicas, amenazando con su ilegalización si no lo hace, las cartas de altos cargos patosos y dictatoriales, advirtiendo a funcionarios que no pueden criticar al gobierno, la caza de brujas de periodistas independientes y no afines al PP, en la radio y televisión públicas, hasta las reformas del Código Penal propiciadas desde el Ministerio del Interior encaminadas a recortar los constitucionales derechos de reunión y manifestación, no se puede decir que el PP se caracterice por ser un partido, o un Gobierno, amante de la libertad.  

Todo tiene un tufo a represión dictatorial, la de una dictadura que, supuestamente legitimada por las urnas, el Gobierno –del PP, of course- está decidido a imponernos, escudado en su mayoría absoluta para gobernar por decreto y para no dar explicaciones de nada de lo que hace; e incluso de dónde sale el dinero para aquellos asuntos que no explica, y que se mueven entre lo patético y lo esperpéntico.

Es el caso de todo lo que rodea al viaje de Ángel Carromero, un cachorro del PP y de Esperanza Aguirre, a Cuba. Viaje del que el Gobierno –del PP, of course- debe dar explicaciones en el Parlamento, y del que nada dirá, ni tan solo respecto a de qué partidas presupuestarias salieron los dineros destinados a financiar a la disidencia cubana, o a la defensa de Carromero, involucrado en un accidente de tráfico en el que murió el disidente Oswaldo Payá.

Las huestes del PP, y la caverna mediática, llevan decenios mostrando su enemiga absoluta al régimen cubano, siguiendo los dictados del Imperio, y proclamando –ellos, qué ironía- su defensa de la libertad. La libertad neocon, esa que la derecha reivindica para que la gente pueda especular, hacer negocios ilícitos, llevarse el dinero de sus países a paraísos fiscales y explotar a los trabajadores sin control alguno.

¡Cuba es una dictadura!, proclaman furibundos esos supuestos adalides de la libertad que en este país nuestro amenazan con ilegalizaciones o despidos a quienes los critican, con años de cárcel a quienes convocan manifestaciones contra su política, que persiguen con saña a los periodistas independientes, de los que cada día quedamos menos en el ejercicio de la profesión, porque somos un objetivo a eliminar para que ellos puedan perpetuarse en el poder.

Es verdad que en Cuba no hay partidos políticos, ni libertad de prensa, y que se persigue a una disidencia que no parece defensora precisamente de la libertad sino de todo lo contrario. Porque la disidencia cubana arraigada en Miami, bendecida y protegida por el Tea Party, no se puede reputar precisamente como defensora de libertades.

Mas en Cuba, con su ausencia de libertades formales, tienen el mejor servicio de Salud de todo el continente americano, incluida USA, y una Educación pública cuyos niveles están a la altura de la envidiada Finlandia, el país que siempre es un ejemplo donde mirarse en los informes PISA. Es verdad que carecen de lo más básico. Pero no por culpa del régimen cubano, sino del atroz bloqueo que ejercen los Estados Unidos desde hace decenios.

Mas seamos realistas –nunca monárquicos- y llamemos a las cosas por su nombre, ¿existe de verdad en nuestro país la libertad de prensa que reclama el PP para Cuba?, la crisis sangrante que cada día empobrece más a las clases medias en este país, ¿garantiza el acceso de todas las personas a los preciados bienes de consumo a los que no acceden los cubanos?, los recortes en representatividad parlamentaria que anda promoviendo el PP, ¿no nos llevará a la existencia, de facto, de un partido único? En Cuba, al menos, tienen una Sanidad y Educación Públicas envidiables.

Aunque naturalmente, el PP no ve así las cosas, y se siente legitimado para apoyar a la disidencia cubana en nombre de la libertad y con ese objetivo envió a Cuba a ese alevín de profesional de la política que es Ángel Carromero. Un tipo que con solo mirarle a la cara se ve que no es ni una lumbrera, ni estaba a la altura de la misión que se le encomendó. Ni siquiera es un conductor avezado que pudiera escaquearse de la persecución de los crueles agentes del régimen cubano. El buen hombre había perdido todos los puntos de su carné de conducir antes de salir de España.  

El viaje a Cuba de ese militante del PP madrileño, cachorro del Tintorro Party de Esperanza Aguirre, no estaba programado para hacer turismo, ni para llevar medicamentos de forma altruista a los cubanos. En colaboración con un partido sueco de derechas, fueron a llevar dinero a la disidencia cubana personificada en Oswaldo Payá.

Lo que cabe preguntarse de este esperpéntico incidente diplomático, que los dirigentes cubanos, con cierta dosis de paranoia ligan a una conspiración internacional dirigida por USA –versión cubana de la judeomasónicacomunista del régimen de Franco-, ven como una conspiración contra el régimen de los Castro, es de dónde salió el dinero para financiar a la disidencia cubana, y de dónde saldrá el destinado a pagar al, o los abogados, que defiendan a ese torpe conductor metido a sostén de disidentes o conspirador internacional.

Porque en estos tiempos de crisis en los que se nos recorta de todo a los españoles, y con verdadera saña la ayuda internacional a países y colectivos con gravísimos problemas, como a los saharauis sin ir más lejos, tendría narices que nuestros dirigentes tirasen el dinero en financiar a los disidentes cubanos del Tea Party.

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