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Se busca antídoto: Urge combatir el veneno sádico del ultraliberalismo


Hace más de treinta años Terenci Moix publicó una novela titulada 'El sadismo de nuestra infancia' cuyo argumento giraba en torno a los recuerdos de un grupo de jóvenes aislados en un refugio del Ampurdan durante una nevada, que recordaban y analizaban las historias, bastante sádicas, que les contaban curas y monjas en su infancia. Historias de torturas y martirios a los que Moix daba un tinte subliminalmente erótico a través de los recuerdos de sus personajes.

He recordado el título de aquella novela al pensar, no sin desánimo, que al sadismo de aquellas infancias marcadas por las tenebrosas historias del nazionalcatolicismo le ha sucedido ahora, al cabo de tantos años, el sadismo de nuestra madurez y la vejez de muchos, protagonizada en el presente no por el clero, sino por un Gobierno -del PP, of course- ultraliberal al servicio de la banca y los mercados.

El actual sadismo de los políticos del PP –sobre el que escribió hace unos días ese lúcido gallego que es Ignacio Ramonet, director de Le Monde Diplomatic, y del que se hizo eco posteriormente Beatriz Gimeno en su columna de El Plural.com- que está acabando a mandobles y decretazos con el estado del bienestar y con cualquier ayuda que pueda paliar la situación de los más desfavorecidos no responde únicamente al deseo de solucionar los problemas económicos que sufre este país de países, porque si únicamente de eso se tratara existen otras maneras y decisiones que tomar para solucionar el problema del déficit sin arruinar a la población.

El Gobierno- del PP, of course- actúa con sádica delectación contra las clases populares con el mismo sadismo irracional que el mal bicho que apalea a un perro indefenso por puro placer sádico. Y seguramente también por sacarse la espina de los años de socialdemocracia en la que los gobiernos de centroizquierda llevaron una política que a los descendientes de los caciques, caciques igualmente ellos, les repelía y humillaba.

Los ultraliberales son el enemigo del pueblo -no a la manera, por supuesto, del protagonista de la obra de Ibsen que luchaba para imponer la razón y el bien común contra intereses espurios- y desde su mayoría absoluta concedida por un electorado suicida, ha decidido que ha de ser este el que cargue, como con una de esas cruces tan caras a su beatería, con la penosa misión de sacar adelante las finanzas de este país favoreciendo a sus amigos de siempre, a sus hermanos de casta; a los banqueros, a las grandes fortunas, a los especuladores y evasores de capitales.

No se entiende por ello los resultados de una encuesta que hoy publica el diario El País y realizada por Metroscopia, en la que según los datos recogidos en el estudio estadístico pese a los brutales recortes, la tolerancia con la corrupción, los latrocinios de Bankia, y el desprecio que viene mostrando el Gobierno -del PP, of course- por el bienestar de los ciudadanos y por las libertades, no se hunda estrepitosamente en el abismo de un rechazo electoral mayoritario.

A la vez es el partido mayoritario de la oposición el que sigue hundiéndose en intención de voto, como si fuese responsable de los brutales recortes y del desprecio a la ciudadanía que viene mostrando el Gobierno -del PP, of course- desde que llegó a La Moncloa.

Sospecho que en ese culpar de los ciudadanos al PSOE por las atrocidades que viene cometiendo el PP desde que llegó al poder influye en gran medida la mediatización de una ciudadanía ignara que da por buenos los mensajes de la prensa cavernaria, mayoritaria en el espectro de la comunicación y que no cesa de relatar a una masa poco acostumbrada a poner en tela de juicio cuanto cuentan los medios, que los culpables de todo lo que está pasando es el anterior gobierno socialista.

Como el PP es especialista en esparcir mierda a través de los ventiladores le va muy bien con la política -realmente suicida si lo pensaran un poco y fuesen demócratas- de desprestigiar a los representantes públicos y los sindicatos, a quienes tienen la desfachatez de responsabilizar hasta del saqueo de Bankia, todo antes de adoptar la gallarda postura de aceptar que llevan a cabo una política de recortes insoportables sencillamente porque responde a su ideología.

Mas esas actitudes y la ausencia de medios de izquierdas que sean algo más que un refugio de escasos lectores informados y críticos, no son solo la causa de la falta de conexión del principal partido de la oposición con una colectividad necesitada de que alguien abra sus ojos respecto a los abusos de un Gobierno -del PP, of course- sádico y clasista, determinado a devolver a la población a una situación similar a la de los tiempos prerrepublicanos.

Desde que perdió las elecciones en noviembre de 2011, los socialistas no han mostrado el imprescindible brío para levantar una efectiva bandera de oposición que explique a la población cómo hacer las cosas desde el prisma de la socialdemocracia.

Seguramente no lo hace porque no lo hizo cuando gobernaba y ahora sigue siendo difícil explicar por qué teniendo entonces el gobierno en sus manos hizo cesión de sus prerrogativas y su capacidad de pacto para aliarse con fuerzas de izquierdas y sucumbió a las presiones de la señora Merkel -aunque al menos consiguió que no cayéramos en la actual situación desesperada a la que nos ha llevado el gobierno de Raxoi- al hacer dejación de su ideología.

Resulta inconcebible que el país en masa no entienda que lo que necesitamos todos para salir de la situación de penuria, pérdida de derechos y hasta de libertades, no es sino un partido de izquierdas que dé un giro a las políticas de sádicas medidas ultraliberales.

Si el PSOE no está dispuesto a hacerlo, si ha perdido el fuelle y la capacidad para liderar un cambio de rumbo que nos aleje del sadismo ultraliberal y beato del PP, si no es capaz de encontrar un líder que pueda ilusionar a la gente, distanciado de unos políticos que siguen representando la imagen de un gobierno que se hundió por no llevar a cabo políticas al menos socialdemócratas, tendremos que inventarnos otro.

Pero es imprescindible que contemos con políticos capaces de hacer frente a esta ola de conformismo patético de los más, de sumisión a un ultraliberalismo salvaje que no nos lleva sino a la destrucción no ya del estado del bienestar, sino de la sociedad misma. Necesitamos un Hollande, o un partido como Syriza. Urgentemente.

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