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Esa enhorabuena a Guindos, ¿a santo de qué, Majestad?



Un día gris de noviembre de hace más de treinta y cinco años, ante el televisor en blanco y negro del amplio salón de una casa madrileña del barrio de Argüelles, un más que cincuentón caballero y con mayor esperanza en el futuro que racionalidad política, le decía a su hija veinteañera durante el discurso de juramento del nuevo rey ante las cortes franquista, días después de que el dictador genocida Franco hubiera muerto en su cama:
-Ha dicho que quiere ser el rey de todos los españoles, las cosas van a cambiar, hija mía ...
La veinteañera, escéptica y republicana, le respondió a su padre, con mas sorpresa que rabia, dado que él siempre había abominado de la monarquía:
-No te fíes un pelo de este tipo. Lo ha colocado Franco y es un Borbón, de esta gente no se puede esperar nada bueno.
El recuerdo de aquel día me sorprendió hoy a modo de flashback durante un noticiario televisivo que mostraba el recibimiento del rey en La Zarzuela al Presidente del Gobierno, Mariano Raxoi, al ministro de Economía, Luis de Guindos, y al nuevo gobernador del Banco de España, Luis María Linde. El supuesto rey de todos los españoles recibía a dos de los responsables de que se haya consumado un rescate económico a los bancos que nos va a costar a los ciudadanos amarguras sin cuento con un sonriente 'Enhorabuena'. 
Lo primero que pensé ante la sonrisa satisfecha del Borbón y tras oír su felicitación a los artífices de que el país se halle en las circunstancias dramáticas en las que se halla es que el monarca chocheaba, que no se enteraba de nada y que mas le valdría irse a una casa que no tuviéramos que mantener los ciudadanos, de ser posible, allende fronteras, tanto me da Estoril, como su padre, o Lausanne, como su señora abuela. O Londres, ciudad que tanto visita la reina. O una de esas dictaduras árabes con cuyos príncipes dictadores hace tan buenas migas el rey y, dicen, rentables negocios personales.
Mas luego he reflexionado. El rey no chochea, el rey, como todos los poseedores de grandes fortunas, como los depredadores de la banca y sus servidores del Gobierno -del PP, of course-, está encantado con el rescate. Rescate que desde el Gobierno -del PP, of course- se niega como tal, aunque le anden poniendo los puntos sobre las íes los responsables europeos y el comisario, también europeo, Joaquín Almunia. Es un rescate, han dicho, 'y tendrá que haber contrapartidas'.
Pero a los beneficiarios de los mil millones les importa un carallo -por decirlo en la dulce lengua que desprecia Raxoi- el precio que se nos cobre, porque quienes vamos a pagarlo somos todos nosotros. Figúrense lo contentos que estaríamos todos si, de pronto, llegara alguien y nos dijera: Vamos a facilitarte un par de millones de euros para que sanees tu economía, pero no te preocupes, no vas a ser tú quien ha de devolverlo, sino el vecino del tercero, el de la panadería y el quiosquero. Estaríamos encantados, claro, en el caso de que fuéramos tan irresponsables y miserables como para aceptar el trato.
Tan encantados como el Gobierno -del PP, of course-, los banqueros o el rey que, a leguas de ese 'puritanismo' nuestro, sin duda se sienten la mar de reconfortados porque la inyección de dinero les asegura las inversiones en bancos españoles que puedan tener, aunque gran parte ande a buen recaudo en Suiza o en cualquier otro paraíso fiscal.
De modo que, a los banqueros y a las grandes fortunas, incluido el Borbón, les ha venido su dios a ver con los cien mil millones de euros que el Gobierno -del PP, of course- va a ponerles en las manos, proveniente de la UE, por mucho que la troika comunitaria vaya a vigilar el pago de esos millones, el asegurarse que el Gobierno va a devolverlo sí o sí, con lo que se nos lo cargará a las espaldas de los españolitos, para variar. Porque hayan contado lo que hayan contado Raxoi o de Guindos, que no son paradigmas de veracidad por cierto, el dinero no van a recibirlo los bancos, sino el Estado, y será el FROB el que lo gestione. Ustedes y yo 'solo' somos los paganos del desaguisado, que será saqueo después.
Podríamos no tener que pagar los ciudadanos de a pie el crédito descomunal y sus enormes intereses, si el Gobierno -del PP, of course- en lugar de subir el IVA o recortar en sanidad y en pensiones, como parece que se hará por imposición de la ultraconservadora UE, si monsieur señor Hollande no lo remedia, se decidiera a hacer una reforma fiscal sensata y progresiva que obligara a pagar más a quienes más tienen, las grandes fortunas, los grandes inversores y esas empresas, que aunque no lo parezca, logran más de un millón de euros de beneficios netos.
Pero no lo hará. Y no lo hará porque este Gobierno -del PP, of course- solo defiende los intereses de los ricos. Y tampoco es que haya que rasgarse las vestiduras, porque el anterior, el de un partido que incluye en sus siglas 'socialista' y 'obrero', tampoco se decidió a hacer una reforma fiscal progresiva para que fueran los que más tienen quienes más pagaran. Es más, aún recuerdo con rubor socialista, como Zapatero afirmó aquel disparate, y desvergüenza, de que 'bajar impuestos es de izquierdas'.
Así que, no es de extrañar que el actual Gobierno esté decidido a hacernos pagar los desaguisados de los bancos, que el Borbón, poseedor de una gran fortuna y unas luces escasas, las propias de su casta, se feliciten y se den palmaditas en la espalda. No es para extrañarnos, no, es para que los echemos de sus puestos a gorrazos o tal como dispongamos, para buscar después gobernantes que administren lo nuestro y que gestionen el fisco en beneficio de todos los ciudadanos, no exclusivamente en el de los tiburones de la banca y los grandes inversores.
Y aunque entre el día luminoso y tibio propio de la costa mediterránea y aquel otro frío y gris de noviembre haya una enorme distancia y la veinteañera haya devenido en sesentona, la opinión sobre el monarca sigue siendo idéntica: El rey nos lo impuso un general genocida y, por lo mismo, tiene la sensibilidad social de su régimen, el dictatorial de Franco -de quien el Borbón, dicen, no consiente crítica en su presencia-, además de por digno sucesor de una casta, la de los Borbones, que nunca fue paradigma de inteligencia y bondad, que nunca dio tipos de los que fiarse.
Y ahí está la triste historia de este país para confirmarlo. Eso sí, no se les ocurra consultarlo en el Diccionario Biográfico de la Academia de la Historia porque, más que lo que asegura ser, es un cómic guasón sin dibujos y con el rigor histórico de la prensa de la víscera. Aunque nos haya costado a los contribuyentes, ágrafos y no, tanto como para ser un diccionario biográfico de verdad de una academia de la historia de verdad. Nunca se permitan ser deslumbrados por mayúsculas que deciden otros, generalmente menores.

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