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Cuando el miedo lo tengan otros




España o, por mejor decir, su Gobierno -del PP, of course- no tuvo más remedio que rendirse y aceptar el rescate de Europa al sistema bancario ¿O el rescate en general? No lo sabemos, ni este Gobierno, con vocación de Pinocho, nos lo va a decir, lo iremos viendo poco a poco. El coste, que se augura tremendo, puede suponer para los españolitos más impuestos, más copagos, menos pensiones, menos coberturas por desempleo... menos de todo, para salvar a los putos bancos, que llevan robándonos años. Pero la ciudadanía, víctima de esta situación, no acaba de despertar y de reaccionar ante tanto sometimiento al dinero y al abuso, a los mercados y a los poderosos. Como si estos pesaran más, o como si el pueblo fuera imbécil.
EU dio a conocer ayer un vídeo en el que reclama que se sepa la verdad sobre la banca: “Cuando el miedo cambie de bando”. En efecto, la sociedad vive atemorizada, quienes tienen trabajo temen perderlo, quien no lo tiene, pero sí una subvención o pensión, también, quien nada puede perder, teme no sobrevivir. Hay miedo a perder la casa, a ser desahuciado por el banco o por los caseros, a los que el Gobierno -del PP, of course- otorgó, por cierto, toda clase de facilidades, dejando a los inquilinos inermes ante el abuso del arrendador; hay miedo a enfermar y no poder pagar la medicación, a vivir, a no ser capaz de sobrevivir y terminar como muchos, tomando la calle de en medio, resolución que está engrosando ocultas estadísticas sobre suicidios de los que nadie habla por temor al efecto mimético o, quizá, por ocultar la realidad de una sociedad desesperada.

Paralelamente a tan dramática situación, quienes constituyen la más que empobrecida exclase media, que ahora, con la reforma laboral, regresa a la situación de proletariado sometido a los caprichos de un empresariado esclavista al amparo de un Gobierno -del PP, of course- despreocupado por la situación social de los más, y para cuyo control elaboran leyes que impiden hasta protestar, el mundo del dinero se pavonea de la situación de privilegio que el Gobierno -del PP, of course- le concede y se preocupa en exclusiva por solucionar sus problemas.


¿Hasta cuándo va a durar esta situación? El vídeo de EU da la respuesta: 'Cuando el miedo cambie de bando'. La pregunta sería cómo podrá ser. ¿De qué manera vamos a conseguir que los amedrentados sean los banqueros que nos robaron durante años y que seguirán robándonos aun más para salir de una crisis causada por ellos mismos? A pesar del robo de cada día, a través de esas pequeñas cifras que aparecen en las cuentas de todos y por las que nadie protesta, pero que a lo largo del año suponen miles de millones que van a parar a indemnizaciones millonarias a los banqueros, nadie reacciona a los desaguisados, ni jueces, ni políticos. Pero, lo más curioso, ni siquiera una ciudadanía que en su mayoría parece indiferente, como si todos esos abusos no fueran con ellos, no repercutieran en su economía y en su vida.

Robaron también, y con descaro total, con las acciones preferentes que vendieron, no a personas informadas que conocían ese tipo de operaciones, tal como señala la ley que debe hacerse, sino hasta a abuelitas analfabetas, que llegaron a firmar la operación con su huella dactilar, como denunciaba ayer El País, a las que vendieron un producto cuyo valor solo recuperarían de encontrar un inversor dispuesto a comprárselas, o por las que obtendrían exiguos intereses, siempre y cuando las acciones subieran de valor. Ningún bancario, sometido a la presión de tener que colocarlas a quien fuera y cómo fuera, avisó del riesgo. Y ahí tenemos a miles de personas que cayeron en la trampa y que no pueden recuperar su dinero. Pero nadie paga por ello. 

Sus latrocinios quedaron impunes, nadie da explicación alguna sobre ruinosas operaciones que los llevaron a la quiebra, pero sí pretenden, en cambio, recuperarse con nuestro sacrificio, nuestra dignidad y nuestro dinero, atrincherados en lujosos despachos protegidos por un Gobierno -del PP, of course- que considera que no es el momento de dar explicaciones. Seguirán chupándonos la sangre mientras se lo permitamos, mientras el miedo no cambie de bando, mientras la rabia no sustituya a este estado de embotamiento que parecemos sufrir.

Mas sí, el miedo puede cambiar de bando, no hay sino proponérnoslo saliendo a la calle en masa, no cinco o seis mil, o cien mil personas, sino todos, cuantos tienen miedo a perder algo, o los que ya lo hemos perdido casi todo. Salir a la calle a gritarle al Gobierno que de ninguna manera admitiremos que los bancos arruinen nuestra vida, que si se han asomado al borde del precipicio por su ambición o su torpeza, que se despeñen y que nos dejen en paz.

Exigirle a la judicatura que investigue los robos de los bancos, que para eso pagamos a jueces y fiscales, servidores públicos nuestros todos ellos, no los seres superiores que creen ser encastillados en sus torres de marfil, disponiendo de nuestro dinero para, como el Presidente del CGPJ y del Supremo, Carlos Dívar, disfrutar de cenas para dos con velitas con quien le plazca. No, esos placeres privados, con su dinero siempre, mister Dívar.

Con el miedo se acaba venciendo al miedo. ¿Qué pasaría si el lunes acudiésemos todos a la entidad bancaria donde tenemos diez, veinte euros, lo que sea, y lo retiramos como un cliente despechado? ¿Qué pasaría si la ciudadanía en masa acudiera a los juzgados de todo este país de países a denunciar a su entidad bancaria, la que cada mes le roba unos cuantos euros sin explicación alguna, o diciendo que es importe que corresponde al mantenimiento de la cuenta o a la liquidación del contrato?

¿Qué sucedería si todos los que trabajan en situación precaria acudieran a los Juzgados a denunciar en masa los abusos de los patrones? No uno ni dos, millones de trabajadores, los que quedan aún con trabajo pero sufren los abusos de una patronal miserable?

Creen ustedes que, si saliéramos en masa millones de personas a las calles de todas las ciudades, ¿los políticos responsables de lo que llaman orden público, ese eufemismo que usan las dictaduras para taparle la boca a sus súbditos, serían capaces sus monos de cantarnos lo de disuélvanse que les ordenaron?

Si quienes vivimos presos del miedo a perder derechos, casa, trabajo, pensión o supervivencia cambiáramos el miedo por la determinación de decir basta, es más que posible que las cosas cambiaran, no me cansaré de decirlo nunca. Lo lograron los islandeses, ¿por qué no vamos a lograrlo nosotros?

Exigirles a los jueces que se pongan a trabajar para que quienes nos robaron vayan a la cárcel, porque por más guante blanco que calcen son unos ladrones, y del tipo de los que aún no conoce la cárcel de este país. Exigirles a los políticos que trabajen por y para el pueblo, los ciudadanos, no en exclusiva para los poderosos. Golpear las cacerolas y gritar que les cobren impuestos a los ricos, en lugar de exonerarlos y exprimir a los trabajadores, a los estudiantes y a los jubilados.

Todos juntos, como en la selección de fútbol, podríamos. Es cuestión de ponernos de acuerdo y de gritar con una sola voz. Solo así, nuestro miedo sería el suyo, el de quienes deben sentirlo mordiéndoles las carnes. Por habernos robado, oprimido y hecho el caldo gordo a otros ladrones que hace años que nos están esquilmando.

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