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Ana Mato: Disparates y mentiras para justificar el repago


Tiene aspecto de 'señora de' malhumorada, de secretaria amargada de alto cargo numerario del Opus, o de ejecutiva de medio pelo. Se caracteriza por su despiste, constatado en el hecho de que no se enteraba que su exmarido aparcaba en el garaje de su casa un Jaguar que no habían pagado. Y por su torpeza oratoria evidenciada en ruedas de prensa que han dado la vuelta al mundo a través de YouTuve. Podría ser también una profesora de ideas retrógradas, de las que todo el día se queja de sus alumnos, odia a los niños a los que enseña e impone disciplinas absurdas y excesivas.

Mas el destino, la suerte o el enchufismo la hicieron, sin embargo, ministra -del PP, of course-, una de las más miserables de los miserables que transitan por el actual Gobierno -del PP, of course- se llama ya lo habrán adivinado, Ana Mato, responsable del copago en la Sanidad Pública, de la pérdida de derechos sanitarios de los inmigrantes, y en la actualidad propagandista de curanderos y chamanes.

Y es que la ministra Ana Mato, no conforme con arrasar con uno de los pilares del estado del bienestar, de hacer pagar las medicinas a los jubilados y mostrarse ufana de esa decisión, tanto como de la dejar desasistidos a los inmigrantes sin papeles - 'ilegales' dice ella, con su proverbial sensibilidad ignorando, como el mal bicho que sin duda es, que ningún ser humano es ilegal- ahora quiere que en lugar de tomar medicamentos nos curemos con 'productos naturales'.

Mejunjes que venden los herbolarios con frecuencia recomendados por curanderos o chamanes, cazadores de mentes febles, de gente crédula e ingenua con poca o ninguna cultura que cree con bobo fervor antes en imposiciones de manos que en cirugías, en el imposible poder milagroso de hierbajos antes que en principios químicos que son los que curan. De ahí a recomendar a los enfermos de cáncer que acudan a esos curanderos que dicen hacen desaparecer esa dolencia imponiendo sus manos o haciendo beber orines de cabra, hay un solo paso.

La señora ministra de Sanidad -del PP, of course- dio ese descabellado consejo, al  justificar la desaparición de subvención de algunos específicos. El lugar donde expresó el dislate fue el Foro Ideas+Diálogo, organizado por Europa Press y  Farmaindustria, donde dio una conferencia -no sabría decirles si dando muestras de sus particulares dotes de oradora como las evidenciadas en el pasado- en la que informó sobre las medidas que ha tomado el Gobierno -del PP, of course- para aplicar el injusto repago sanitario.

Con el propósito de reafirmar lo acertado y conveniente –para ella y el Gobierno, del PP, of course- de la decisión de hacer pagar medicamentos a jubilados y pensionistas explicó que, al cruzar los datos entre Sanidad, Seguridad Social, mutualidades y comunidades autónomas llevado a cabo para poner en marcha el nuevo baremo de repago farmacéutico en función de la renta, se descubrió lo malos que son algunos ciudadanos, parados por más señas, porque han detectado -¡horror, corrupción, latrocinio, pecado!- que unos doscientos mil trabajadores podrían estar obteniendo fármacos de manera gratuita por estar adscritos irregularmente a la cartilla sanitaria de un familiar pensionista.

La impertinente ministra dijo que no cuenta con datos del volumen defraudado así a la Sanidad Pública –Cabe preguntarse si los tiene del que defraudó su exmarido al erario con las trampas de la trama Gürtel-, y teniendo en cuenta que este Gobierno -del PP, of course- miente más que habla, cabe sospechar que la señora Mato haya inventado ese fraude con el objeto de que la ciudadanía caiga en el error de pensar que es bueno el repago sembrando, además, la división y el rechazo por los parados atenazados por la pobreza entre la ciudadanía.

Tiene este Gobierno –del PP, of course- la fea costumbre de intentar crearnos complejos de culpa para que aceptemos sumisamente su política ultraliberal, encaminada a acabar con el estado del bienestar, más por sus planteamientos ideológicos que por la dichosa crisis, aunque se escude en ella.

Aun dando por buena la noticia que dio la ministra Mato sobre esos doscientos mil parados que recurrían a la tarjeta de sus mayores para proveerse de medicinas, el número de ellos es tan ridículo, y la cifra que se puede calcular del supuesto fraude tan risible en comparación otros saqueos de lo público, que hasta el mencionarlo resulta miserable.

Que la crisis económica es la consecuencia de la especulación de los mercados y no de los políticos y menos aún de la ciudadanía es algo evidente. Mas igualmente evidente es que este Gobierno –del PP, of course- está aprovechándose de ella para ayudar a sus amigos.

Tan evidente como que el presidente del Gobierno –del PP, of course-, que se niega a celebrar el debate del Estado de la Nación, no aparece por el Parlamento, y huye de las preguntas de la prensa como de la peste, acude encantado a contarle sus planes a una organización empresarial formada por señores esclavistas, de ideología no ya ultraliberal sino feudal.

No caigamos pues en las añagazas y mentiras del Gobierno –del PP, of course- el repago sanitario no se nos impone porque existan doscientos mil, o un millón de personas que en situación de penuria recurren a la tarjeta de sus mayores para poder medicarse.

El repago sanitario se implanta para que los banqueros puedan retirarse con indemnizaciones millonarias, para que las grandes empresas no coticen como debieran, para que los especuladores y millonarios solo paguen el 1% de sus inmensas fortunas a través de ese invento llamado SICAV, entre otras injusticias.

Para, en suma, aplicar su política ultraliberal, enfocada a explotar al pueblo en beneficio de los suyos, una derecha avariciosa y egoísta. La derecha eterna, caciquil y explotadora de este país que no vive en el siglo XXI sino en el XVII.

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