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Se le quita a Educación y Sanidad para bancos y diccionarios fascistas

En una espiral que marca la economía como noticia única, la prensa generalista parece haber devenido prensa económica especializada. El asunto, disparate, locura, esperpento o contradiós de Bankia ocupa titulares, entradillas, ladillos y todas las primeras páginas de los diarios. Es como si ninguna otra cosa ocurriera en este país de países, excepto el drama, desastrosa gestión o directamente latrocinio del cuarto banco más importante de nuestro Estado.

Mas, aunque la prensa no mire para ningún otro lado que para ese banco cuya sede radica en unas torres inclinadas que tienen mucho de simbólico, o que nacieron con los presagios incorporados, hay otras noticias que, sin concitar la atención de la prensa ni de los lectores, resultan clarificadoras para constatar la ideología fascista de un Gobierno –del PP, of course- que reprime con dureza a los manifestantes que protestan por desaforados recortes en asuntos tan imprescindibles para la supervivencia de la sociedad. Así, Sanidad, Enseñanza y Prestaciones Sociales.

A tal grado de brutalidad llegó la que emplearon las Fuerzas de Seguridad contra los manifestantes del 15-M, que Esteban Beltrán, presidente de la sección española de Amnistía Internacional, la denunció al publicar el informe anual mundial de esa ONG. La ferocidad de la policía en las citadas manifestaciones.

Por contra, esas mismas Fuerzas de Seguridad, que obedecen las órdenes que les dan los políticos –del PP, of course-, se mostraron permisivas, tolerantes y aun colaboradoras con los fascistas que se manifestaron en Madrid portando banderas y cantando himnos, no solo inconstitucionales, sino ofensivos con catalanes y vascos, en una manifestación que nunca debió permitirse y sin que las Fuerzas de Seguridad hicieran otra cosa que proteger sus ilegalidades. 

Pero del talante fascista, o franquista, que tanto monta, del Gobierno –del PP, of course- da cuenta otro asunto que no apareció en las primeras páginas de los diarios, pero que resulta clarificador para saber del pensamiento ideológico de los señores del partido que actualmente desgobierna.

Sin duda, recuerdan el escándalo que se produjo cuando se conoció el contenido de los primeros tomos del Diccionario de la Historia, invento promovido en la etapa de gobierno de Aznar, quien, con su peculiar inclinación megalómana, quiso que se escribiera un diccionario histórico que hiciera palidecer de envidia a similares obras editadas en universidades tan prestigiosas como la de Oxford. Para ello dotó el proyecto con la fruslería de seis millones de euros.

Ante el escándalo que supuso la redacción de alguna entrada, como la biografía del dictador genocida, que afirmaba que Franco no fue tal dictador, sino el dirigente de un ‘régimen autoritario’, o que difamaba a republicanos de la talla de Negrín, Azaña o Besteiro, y que llegaba incluso a justificar la sublevación de los milicos fascistas en 1936, argumentando, como hacen en la actualidad periodisticuchos fascistas -me perdonan el neologismo despectivo, pero me resulta imprescindible- que se hacen pasar por historiadores, que la rebelión de los milicos fascistas estuvo justificada en el asesinato de Calvo Sotelo, prestigiosos historiadores se pusieron en pie de guerra.

En consecuencia, el Congreso de los Diputados aprobó con los votos en contra del PP –of course- cerrar el grifo de las subvenciones a la confección del Diccionario Biográfico, en tanto no se corrigieran las entradas partidistas redactadas por fascistas de pro, como la de Franco, de un tal Luis Suárez –nada que ver con el expresidente del mismo apellido- que pertenece a la Fundación Francisco Franco y que anda algo malito de la cabeza. Esta última noticia se deduce de la redacción de la biografía de Escrivá de Balaguer, creador del Opus Dei, a quien, al parecer, según el autor del desaguisado, “Dios le dio a entender que el Opus Dei estaba dirigido también a las mujeres”. Laus Deo, o mira tú qué cosas le comentaba Dios a don José Mari.

 Pero el PP ganó las elecciones, y el ministro de Educación, Cultura, Recortes Salvajes y Disparates Diversos, don José Ignacio Wert, ignorando el mandato del Congreso en la anterior legislatura, como los principios democráticos, que no rezan con él, entregó con la generosidad propia de su ministerio 136.790 euros de los seis millones que Aznar decidió regalarle a la Academia de la Historia para la realización de la obra-tebeo.

La Academia de la Historia, que se reunió el pasado día dieciocho en olor a naftalina -el que desprende la mentalidad de sus académicos, como los salones de su sede- acordó que no se van a rectificar las entradas, manteniendo para la posteridad el erudito convencimiento de que un dictador asesino, a quien los historiadores del todo el mundo consideran un genocida, no fue más que un hombrecillo pelín autoritario. Y así, cuantas falsedades quiera dejarle, negro sobre blanco, a nuestra descendencia esa especie de mamotreto plagado de falsedades llamado Diccionario Histórico, de que solo se ha redactado parte.

Quizá no sea una noticia de gran calado, parezca apenas una anécdota costumbrista en el contexto de la que está cayendo en este país de países, pero resulta paradigmática de la actuación y comportamiento de un Gobierno –del PP, of course- que no puede ocultarle a las personas con los ojos sin vendar, a los demócratas que conocemos bien la historia de este país, que tiene una ideología fascista insoportable e intolerable. Y me juego algo a que, si lo pretendo, mañana puedo seguir escribiendo sobre "anécdotas" de este tipo -este tipo no es Franco aunque dé la sensación, está enterrado; digo similares a esta del posteo-, a poco que rebusque en la prensa, o en internet, si la prensa no da.

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