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Regreso al pasado: Gobierno del PP distrayéndonos al grito de Gibraltar, español

Van a permitirme que olvide por un día la economía y los recortes en un ejercicio de amnesia deliberada para tratar un asunto que, aunque a algunos les pueda parecer hasta dramático, personalmente me causa hilaridad. Y es que este gobierno nuestro –del PP, of course- ha decidido levantar la bandera reivindicativa sobre el Peñón de Gibraltar tal que hizo aquel señor bajito, feo y malo nacido en Ferrol y conocido en todo mundo civilizado como el asesino genocida Franco. Es decir, el PP se ha puesto reivindicativo y patriotero al reclamar la españolidad del Peñón de Gibraltar, con trescientos años de soberanía británica, entre otras cosas, porque al antepasado del actual monarca, Felipe V, le importó una figa ceder ese extremo estratégico de la Península en razón de que le interesaba mucho más conservar la corona.

En los años de la postguerra, el general genocida y sus huestes armadas de Falange también se pusieron reivindicativos y, mientras uno proclamaba con su vocecilla atiplada desde El Pardo la españolidad de la roca, los falangistas, en acto voluntarista y desmedido, intentaron invadir Gibraltar, invasión que por desgracia no se produjo porque, de haber intentado la aventura los descerebrados, es posible que lo que entonces se conocía como Gran Bretaña, junto con sus aliados, se hubiesen cabreado con el régimen del comandantín monórquido y asesino, librándonos de él. Mala suerte, pero es que los falangistas eran valientes solo con la gente desarmada, las mujeres, los niños y los libros, y aunque piaron mucho, insultando en lenguaje tabernario a los británicos, substituyeron el arrojo por el instinto de conservación.

Durante el gobierno socialista, se creó un foro tripartito, formado por españoles, ingleses y gibraltareños con el propósito de aportar fluidez a las relaciones para que tuviesen el carácter de normalidad propio de países que forman el todo común que es la UE, que la libre circulación europea fuese un hecho, sin verjas ni fronteras. Pero para los aguerridos peperos, ese hecho resultaba de una flojedad insoportable, y ellos, hijos putativos o no del franquismo, lo primero que hicieron al llegar al poder fue reivindicar la españolidad de Gibraltar con la misma belicosidad de un don Pelayo arremetiendo desde Covadonga contra los sarracenos.

Por lo visto, tras la toma de posesión del cargo de Ministro de Asuntos Exteriores, el titular de esa cartera, José Manuel García Margallo, en su primera toma de contacto con su homólogo inglés, le soltó de buenas a primeras que su principal reivindicación era reclamar la soberanía española sobre Gibraltar. Un señor que es ministro de Asuntos Exteriores debiera andar enterado de que los británicos son muy suyos y de que las reivindicaciones sobre territorios donde ejercen la soberanía les sientan fatal. Si no, que se lo pregunten a los argentinos cuando con osada necedad invadieron las islas Falkland, Malvinas para los argentinos.

El PP, que desde que el PSOE ganara las elecciones en 2004 no hizo sino desprestigiar la política exterior del gobierno socialista, alardeó de que, cuando ellos llegaran al poder, España volvería a ser España (adora la obviedad y la tautología esta gente). Olvidaron precisar que volviera a ser la España del franquismo fascista, ninguneada y jamás tomada en serio por la comunidad internacional.

Tras la reivindicación del aguerrido García Margallo, que cuenta con la colaboración del inefable Federico Trillo Figueroa, héroe de Perejil, como embajador en el Reino Unido, los británicos, con su habitual flema, anunciaron que el hijo menor de la reina, el Príncipe Eduardo visitaría el Peñón y, como esto les pareció poco a los gibraltareños, decidieron que en sus aguas territoriales no faenarían los pescadores andaluces. Dicho y hecho; enviaron guardacostas armados para evitar que los barcos españoles se acercaran.

Y como en una película de esas que se rodaron tras el fiasco en Vietnam de USA, ridiculizando las guerras, el gobierno español –del PP, of course- decidió proteger a sus barcos con patrulleras de la Guardia Civil. Como consecuencia, ayer, The Times, periódico propiedad de Rupert Murdoch, en cuyo Consejo de Administración anda Aznar, don José, salió a la calle con una noticia en la que se hablaba de un posible choque militar entre España y Gran Bretaña por el asunto de Gibraltar.

El asunto parece bastante impensable entre dos países socios de la UE y sospecho que la noticia del The Times no tiene más propósito que el de hacer que al estirado García Margallo y al resto del gobierno –del PP, of course-, les sobrevenga una súbita y galopante gastroenteritis, porque meterse con los ingleses es atacar a un león con un mal palo. Dos pepinazos de los británicos a un barco español les bajarían los humos a estos aguerridos patriotas por otros trescientos años.

Otra guinda en el pastel de tanta idiotez patriotera la puso el ministerio de Asuntos Exteriores al prohibir a la reina Sofía acudir al jubileo del reinado de su prima Isabel de Windsor, asunto que los británicos se han tomado también muy mal, calificando la ausencia de la reina española de desaire imperdonable -"Spanish Queen snubs her Maj"-. Sobre todo, desconsideración para con la reina Sofía, con la que el Gobierno ha mostrado, además, su natural talante machista. No se atrevió, en cambio, a prohibirle al rey irse a Botsuana a hacer el gaznápiro, pero sí a privar a su esposa, que debe de andar más frustrada que un niño, de solazarse en la corte británica para resarcirse de los apéndices óseos que, dicen, su real esposo lleva poniéndole una vida.

 Tanto disparate continuado hace pensar que el Gobierno –del PP, of course- quiere hacer como el general genocida o como el gobierno del dictador Videla, echarnos a los ciudadanos mendrugos de fervor patriótico para que olvidemos recortes y desigualdades y, henchidos de fervor patriótico, nos unamos todos para reivindicar Gibraltar. Como todos los españolitos piensen como yo, van listos.

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