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Ecologistas e izquierda: Huérfanos de partido por inflación de siglas

En estos días en los que los indignados del 15-M no solo se quejan de los recortes y la supresión de derechos, de la servidumbre de los partidos de derechas a la oligarquía del dinero, de la pérdida de libertades, lo hacen también porque no se sienten en absoluto representados por los partidos políticos. Una noticia publicada por el digital Público me ha hecho entender hasta qué punto es cierto que los partidos viven en su mundo –podríamos decir que interior- ajenos a los problemas y a las sensibilidades que dicen representar. La noticia informa de que el grupo de Los Verdes Europeos ha expulsado de su seno a los ecologistas de IU. Una anécdota que pone de manifiesto las muchas divergencias en los partidos políticos de la izquierda.

Y me refiero a los partidos de izquierdas, porque todos sabemos que nada hay que haga identificarse más con una idea, o unas siglas, que la cartera, bien llena a ser posible. Por esa razón en el partido del gobierno –del PP, of course- caben todas las tendencias desde el ultraliberalismo a la ultraderecha franquista. En él conviven sin problemas, porque la derecha, que lleva años propugnando ‘el ocaso de las ideologías’, nunca tuvo más ideales que el dinero. Por lo que sería una pérdida de tiempo ocuparse de ella. A estas alturas todo el mundo sabe cuáles son sus intereses, qué planteamientos de desigualdad tienen y qué es lo que le interesa mantener a toda costa. Y como es algo archisabido no es cuestión de cansarles, ni de cansarme yo, analizándolo.

El problema lo tienen, lo tenemos, las personas de izquierdas, porque los partidos de esa esfera andan atomizados, divididos bajo muy diversas siglas y por cuestiones de matices en muchos casos. Y no me refiero al PSOE, que cada día que pasa dista más de ser un partido de izquierdas, y así le irá en el futuro, en la medida que no adopte posiciones más radicales que hagan que el electorado progresista se sienta representado bajo sus siglas. Porque desde que llegó al poder en 1982, o incluso antes, cuando Felipe González se desprendió del marxismo en las fuentes ideológicas del pensamiento socialista, no ha parado de derrotar a babor, con el consiguiente cabreo de muchos de sus simpatizantes y militantes.

Por esa causa, muchos socialistas –entre los que me cuento- se encuentran huérfanos de partido, porque el PSOE cada día deriva más hacia el centro, e IU no acaba de convencernos, por mucho que nos sintamos identificados con algunas de sus exigencias, como un referéndum para decidir si queremos monarquía o república. Y otros muchos, ecologistas de corazón, y de cerebro, se encuentran ante una atomización de partidos, una sopa de siglas y un sindíos de planteamientos que no satisfacen a los más.

En la noticia que les comentaba al principio del posteo, se puede palpar la divergencia de opiniones en los comentarios de la misma, donde, mientras unos defienden a ultranza a Equo, otros se inclinan por IU, acusando al primero de estar al servicio de la derecha, las oligarquías y las invasiones de la OTAN, Kosovo o Libia. Ponen de chupa de dómine a Los Verdes alemanes, a los que acusan de estar al servicio de Merkel. Sea o no cierta esa acusación, lo que es incontrovertible es que en los partidos ecologistas y asociaciones de esa naturaleza se dan contradicciones que producen verdadero estupor.

Nos lo produjo hace unas semanas el hecho de que el rey Juan Carlos, el animalicida, fuese presidente de honor de una importante entidad ecologista. Muchos pidieron la retirada de ese honor a un señor con corona, que se ha distinguido desde su más lejana juventud por ser un macabro predador que, además, ha tenido a gala fotografiarse ante los cadáveres de sus hermosas víctimas.

Antes de que apareciese la bochornosa y desagradable fotografía del Borbón al lado de un elefante masacrado, circulaba por la red una foto de hace años, en el que el carnicero de la Zarzuela posaba al lado de un hermoso leopardo al que había dado muerte solo para divertirse. Y no obstante, durante esos mismos años que la fotografía del rey junto al hermoso leopardo asesinado por él circulaba por la red, la asociación ecologista lo mantuvo como presidente de honor, en una contradicción que no se puede explicar más que en razón de la falta de consistencia y sensibilidad ecológica de los dirigentes de la misma.

La contradicción de los ecologistas, o de algunos que se dicen ecologistas se da con harta frecuencia en el seno de esas organizaciones, en las que el término ecologista no se puede entender que vaya ligado a personajillos que defienden, por ejemplo, la salvajada de los tauricidios o el mantenimiento de ciertas industrias, con el pretexto de que mueven dinero que beneficia a determinados trabajadores.

Incluso los hay que bajo esas siglas verdes tienen peregrinos conceptos sobre la ecología o sobre el animalismo. Hace años, entrevisté a un concejal de Los Verdes de un pueblo en el que años atrás un alcalde franquista se había jugado casi la vida –su casa fue atacada por el populacho- cuando el regidor prohibió un bárbaro festejo taurino, después de que el entonces presidente de la Sociedad Protectora de Animales le enviase una carta reconviniéndole por autorizar la salvajada. Al preguntarle por la prohibición de la fiesta tauricida años atrás, su respuesta me dejó más que sorprendida, viniendo como venía de un miembro de Los Verdes, “a mí me gustaba aquello, y como no creo que los toros tengan alma, me importaba muy poco lo que les pasara’. Ferviente antitaurina me vi obligada a explicarle que lo que les dolía a los pobres animales era el cuerpo y no el alma, y que si él recibía una patada en sus partes pudendas tampoco le dolería el alma sino los mismísimos güevos.

Desde entonces he tenido bastante claro que en este país de países la ecología de la que presumen algunos políticos no es sino una postura para atraer a determinado electorado, porque la ecología y la idiosincrasia de los españolitos no casa demasiado. Quizá por esa razón Los Verdes Europeos hayan expulsado a Los Verdes españoles.

Y quizá por cosas como estás y otras mencionadas en este posteo, hay tanto indignado que no acaba de sentirse representados por unos dirigentes que se cobijan bajo siglas que nada tienen que ver con sus comportamientos y la defensa de unos intereses divergentes de lo que dicen sus siglas. No se extrañen pues si en las próximas elecciones, dentro de cuatro años, nos pasa como en Grecia, porque a ver quién toma de verdad la bandera de la izquierda. O de la ecología. Porque los de ahora no parece que sirvan para mucho.

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