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Con un gobierno falaz, un CGPJ y un clero de risa, ¿extraña la indignación ciudadana?

Como en un cuento de hadas, el PP prometió que, cuando llegara al poder, la confianza de los mercados se recuperaría, bajaría la prima de riesgo, la economía se activaría y descendería el paro, y que, además, jamás de los jamases tocaría la sanidad ni la educación públicas. A los cinco meses de las elecciones, hemos comprobado que lo que prometía el PP era o fantasía o palmaria mentira. La realidad es que la crisis económica es galopante, nunca hasta hoy la prima de riesgo –con la que el PP azotaba a ZP cuando estaba en doscientos puntos y pico- había llegado a los quinientos de hoy. El paro jamás se aproximó tanto a los seis millones de personas de la actualidad. La sanidad y la educación públicas agonizan entre recortes y privatizaciones.

Mas no solo escandalizan las mentiras de un gobierno –del PP, of course- que cada día recuerda más al esperpento valleinclanesco, porque los poderes del Estado están dando muestras de ser una especie de casa de lenocinio. El Poder Judicial padece un desprestigio que causa espanto, no solo por lo que deja de mirar, sino por las sentencias incomprensibles y la conducta de su máximo representante, el presidente del Tribunal Supremo y del Consejo General del Poder Judicial, Carlos Dívar, quien, por mucho que al resto de consejeros le gustaría que dimitiera, se aferra al cargo como una lapa, a pesar de haber sido denunciado por uno de sus vocales de haber cargado a los presupuestos del Consejo –presuntamente, que con la gente de toga hay que evitar conflicto- veinte viajes privados a Marbella.

Y como la Justicia en este país de países no es igual para todos, por mucho que se empeñara el Borbón en querer hacernos tragar la falacia –como no lo es la sanidad, a ver a qué vil mortal le reparan la cadera en cuarenta y ocho horas para que salga caminando a pedir perdón, no sabemos si por matar elefantes, búfalos o lo que se le pusiera por delante a cuatro patas en Botsuana, por irse del país del que es jefe del Estado y con la que estaba cayendo o por sus deslices adúlteros-, dicen que la Fiscalía anda pensándose archivar el caso.

Los miembros del CGPJ están un tanto revolicados y más de uno piensa que debieran cesarlo, o sacarlo a rastras cogiéndolo de los escasos cabellos que cubren su cabeza, porque el piadoso caballero no está ni mucho menos por la labor de dimitir. Situación que ha llevado a decir a uno de los vocales que, si no dimite, el órgano de gobierno de los jueces pasará ‘del hazmerreír al escarnio’.

Y de escarnio o de traca ha sido la reacción de la secta católica ante la queja de los ediles de Alcalá de Henares, por las palabras homófobas del obispo Reig Pla, quien hace unas semanas la emprendió contra los homosexuales, afirmando que las inclinaciones hacia personas del mismo sexo llevan ‘a prostituirse, incluso frecuentando clubes de hombres nocturnos’. ¿Serán vampiros esos hombres nocturnos? ¿Querría haberse referido el señor obispo a los clubes nocturnos, esos antros perversos? ¿Le falló la elocuencia? ¿Fue apenas un lapsus linguae? ¿Qué pecado constituirá para la mente desviada y homofóbica de Reig Pla la nocturnidad? En cualquier caso, el Ayuntamiento, sin los votos del PP –of course- ha vetado al homófobo obispo, prohibiéndole su presencia en actos oficiales.

El Obispado ha reaccionado como suelen reaccionar las instituciones de la secta católica, escandalizándose y llevándose las manos a la cabeza: "Ninguna institución humana está legitimada para juzgar y, menos aun, impedir que se enseñen los contenidos de la doctrina católica. Además, cuando tal juicio e intento de conculcar la libertad religiosa procede formalmente de una institución política, se produce una triste e intolerable violación de los Derechos Humanos y del principio de separación Iglesia-Estado”. Lástima que no se acuerden de la separación Iglesia-Estado a la hora de reclamar miles de millones de euros de los presupuestos generales. ¡Once mil reciben este ejercicio! Con un par.

De manera que, con un gobierno –del PP, of course- que no dice una verdad, con un poder judicial que, según algún miembro del CGPJ, es ‘el hazmerreír’ de la ciudadanía, aunque no es risa lo que produce, sino suspicacias y recelos, infinitamente más dañino para todos, aparte el cabreo que causa el despilfarro de los representantes de los togados y la desfachatez que se gasta la secta católica, que no solo nos exprime los bolsillos, insulta a buena parte de la ciudadanía y falta al respeto a los legítimos representantes de los ciudadanos, sino que se cree con patente de corso para imponer sus creencias a todos, no me digan que este país de países puede generar confianza en los mercados. No es de extrañar que suba la prima de riesgo. Los especuladores, son avariciosos, no tontos, así que deben de pensar que este no es un país serio.

Y aún habrá quienes se sorprendan de que haya miles de indignados que salen a la calle a protestar, incluso que algunos intenten emprenderla a mamporros contra algún político, como ha sucedido hoy con Núñez Feijoo en Galicia. ¿Cómo no va a haber indignación en este país tan poco serio, con unos representantes que ruborizan al delincuente más reincidente?

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