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Bankia, crónica de una catástrofe anunciada. Del PP, of course



Muchos españolitos nos estamos subiendo por las paredes a causa del dinero que nos viene costando, y el que nos costará, la mala gestión de esa cosa llamada Bankia, una fusión de varias cajas de ahorro a punto de quebrar que se unieron para formar un conglomerado financiero que, a la vista está, está poniendo al país al borde del precipicio económico. Algunos expertos cuantifican en ochenta y dos mil novecientos sesenta y cinco millones de euros –sí, han leído bien, 82.965.000.000- lo que viene costando, y costará, que esa amalgama de entidades dirigida por inútiles y delincuentes, vuelva a ser un banco sin problemas, cifra esta, superior al déficit del Estado y de las autonomías sumados, que asciende a ochenta y dos mil ciento siete millones de euros que, de no haberlos empleado en el pasado en sanear bancos, no sería necesario recortar ahora de la Educación y Sanidad Públicas.

Mucha gente de la calle se está preguntado cómo es posible que se llegara a esta barbaridad. Y el PP, al que le faltaron reflejos para atajar el problema de Bankia, pero que no le faltan a la hora de señalar culpables, la ha emprendido con el responsable del Banco de España, Miguel Ángel Fernández Ordóñez –Mafo para los amigos- y, ¡naturalmente!, con Zapatero, causante de todos los males del reino desde Chindasvinto a hoy mismo. No seré yo la que rompa lanzas a favor del señor Ordóñez, quien desde que está al frente del Banco de España se ha pasado más tiempo opinando de lo que no debía, en muchas ocasiones en contra del gobierno socialista que lo nombró, que en detectar los agujeros y las miserias de una banca podrida, como era su obligación. Indudablemente, tiene su parte de culpa por haber mirado para otro lado, haciéndose el distraído.

Mas hay que decir que los responsables de la pifia de Bankia tienen nombres, apellidos y filiaciones bien conocidas y, desde luego, nada que ver con los socialistas. Porque dos de las entidades más tóxicas de Bankia, Cajas de Ahorros arruinadas en satisfacer los caprichos de los gobiernos de las autonomías donde radicaban, lo eran de autonomías regidas por el PP.

Caja Madrid lleva diecisiete años al servicio del partido liderado desde hace años por Esperanza Aguirre, que protagonizó una lucha sin cuartel para colocar a sus peones en el Consejo de Administración de Caja Madrid, Consejo en el que era mayoritario el PP en cuanto a representación política. La señora lideresa presentó batalla a Gallardón y al propio Raxoi para colocar a sus propias peonzas con el fin de defenestrar al candidato del alcalde de Madrid, Miguel Blesa, a quien le cabe el dudoso honor de haber llevado a la catástrofe a Caja Madrid, retirándose él con una generosísima indemnización. 

Cuentan que, después de la batalla y una vez nombrado Rodrigo Rato, inoportunos micrófonos abiertos pillaron a la lideresa intercambiando confesiones sobre Bankia en las que se la oye decir a su vicepresidente, Francisco González, algo parecido a ‘Bueno, pero con este, ¿vamos a poder mangonear?’. Ella sabrá con qué objeto quería mangonear Caja Madrid, pero seguramente de modo idéntico al de Francisco Camps y el PP valenciano con la CAM –Caja de Ahorros del Mediterráneo- hasta llevarla a la quiebra. 

Blesa utilizó los fondos de la entidad a capricho, por ejemplo, para comprar viviendas de lujo en el extranjero a fin de que sus directivos pudieran residir y solazarse en sitios tan agradables como Florida, USA, cuando acudían a interesarse por las inversiones que la entidad hacía en aquel país. Y era el responsable de Caja Madrid cuando esa entidad hizo inversiones ruinosas en inmobiliarias como la quebrada Martinsa-Fadesa, o en las urbanizaciones edificadas por ‘El Pocero’ en Seseña. Lo que no le impidió, al retirarse, percibir la mencionada y más que millonaria indemnización.

El mangoneo del PP en la CAM también venía de lejos, de cuando Eduardo Zaplana estaba al frente de la Generalitat y tramó un pelotazo urbanístico a cuenta de los terrenos que rodearían lo que sería el parque temático estrella de la Comunidad Valenciana, Terra Mítica. Aquel negocio que iba a ser, como todo lo que se hacía en el País Valencià en aquellos años del inicio de la fiebre megalómana, ‘el mejor de Europa’, se vio envuelto en el fracaso desde antes de abrirse, porque mientras se construía tuvo que reducir sus dimensiones ya que la financiación no llegaba para tanto. En la creación del ultramegafabuloso -perdón- parque temático, participó la CAM con 420 millones en el año 2000, participación de la que intentó librarse años más tarde, vendiéndola por setenta millones. Todo un ejemplo de los rentables negocios de esa entidad.

Durante muchos años, y como aquellos reyes del Renacimiento que tenían un ‘banquero’ en plantilla, el PPCV tuvo la CAM para financiar todos los caprichos del fantasioso presidente Francisco Camps Ortiz. La Generalitat se convirtió así en el cesto en que la entidad bancaria vertía agua sin parar, pero el agua del dinero de todos los valencianos. Las obras públicas y los créditos a la Generalitat no fueron la única sangría económica de la entidad porque, para complacer a sus amigos del PP, ya puesta, financiaba a los promotores que le iban indicando los miembros del Consell, llegando a invertir ingentes cantidades en ladrillo.

Mas, ¡ay!, explotó la burbuja inmobiliaria y la CAM se desinfló del mismo modo, encontrándose con miles de millones de lo que los economistas llaman ‘activos tóxicos’, que no son sino las inversiones en ladrillo que hicieron en los tiempos de la burbuja, tiempos en los que proyectaron negocios de muchos millones, no solo en el País Valencià, sino en otros países. Sirva de ejemplo la financiación de los negocios del obscuro hombre de negocios Enrique Ortiz, imputado por los casos Brugal y Gürtel, a quien se le facilitaron 420 millones de euros para promociones inmobiliarias. Pero no solo, porque la CAM llegó a tener una participación del 30% en la promotora alicantina Hansa Urbana, implicada en proyectos inmobiliarios y turísticos de dudosa legalidad, y de elevado impacto ambiental, tanto en España como en México. 

La CAM se fue al garete, entre otras cosas porque sus ejecutivos, nombrados a dedo por el Consell Valenciá, que designaba a amigos o a fieles, no tenían ni repajolera idea de cómo dirigir esa entidad. Un ejemplo, el de Modesto Crespo, un señor que, de vendedor de coches, pasó a presidir la CAM por el mérito único de ser próximo a los círculos del president Camps. De sus amigables relaciones con Camps da cuenta el crédito de dos mil millones -2.000.000.000- de euros que le concedió al Consell Valencià cuando este estaba ya prácticamente en estado de quiebra, pocos días antes de dimitir Francisco Camps.

A pesar de la infame gestión de los dirigentes de la CAM y de haber inflado las cuentas falsamente para dar apariencia de solvencia, sus directivos se autoindemnizaron con escandalosas cifras de muchos ceros. Después de la intervención del Banco de España, se supo que el Director General, Roberto López y otros directivos se acogieron a ERES millonarios. Así lo hicieron, entre otros, Vicente Soriano, Joaquín Meseguer, Gabriel Sagristá o Agustín Llorca. Según fuentes de la propia CAM, las cifras que percibieron oscilaron entre el millón y los dos millones de euros. Eso, sin contar los “créditos blandos” que concedía a sus directivos y que se cifran en más de diez millones de euros. Más dinero de los valencianos que fue a parar a los gestores colocados por el PP.

Resulta hilarante que conociendo estos detallitos alguien pueda creer las teorías del PP, que sostiene que en la pifia de Bankia intervino el gobierno socialista. Es hija reconocida del PP, de sus maniobras, sus proyectos megalómanos y su afán por controlarlo todo. Ahora, cuando se alzan voces criticando que en los consejos de administración haya representantes políticos y sindicales a los que culpan del despilfarro, debieran hacer memoria, o irse a las hemerotecas a repasar todas las noticias en las que se daba buena cuenta de la supeditación al PP durante años de Caja Madrid y de la CAM, que fue, hasta el día de su quiebra, y junto con el también arruinado Banco de València, la que sufragó los caprichos de un gobierno manirroto presidido por un orate, Camps, con manías de grandeza y obsesión por tener siempre ‘lo mejor del mundo’. A costa del dinero de los valencianos. 

Todos los mencionados en este posteo son los verdaderos responsables del actual y penoso estado de Bankia. Los paganos de tanto dislate y de tanto abuso, ya saben: Ustedes y yo.

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