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La afición del Rey por la caza: Otra razón para exigir la III República



Mientras desde la ventana abierta veo caer una lluvia mansa como pocas veces cae en este mar, hoy de mercurio, el Mediterráneo, me digo que hay hechos que entrañan una cierta justicia poética: el rey y su nieto han sufrido sendos accidentes como consecuencia de su malsana afición a masacrar animales. Mientras el nieto aprendía a familiarizarse con la salvajada, el real abuelo se dedicaba a gastarse el dinero que nos recortan en bienestar y educación en matar bellísimos animales, por lo que paga cantidades astronómicas.

No voy a ser hipócrita, no siento la menor compasión por quienes sufren percances al torturar y asesinar a las pobres y buenas bestias, sean toreros o cazadores. Si, para mayor inri, quien caza lo hace con mi dinero, padezco ataques de rabia de padre y muy señor mío; así que, si el rey se ha roto la cadera por haberse ido a Botsuana a asesinar elefantes, especie protegida y de la que cada día quedan menos ejemplares, qué quieren que les diga, ninguna compasión.

Eso sí, se me plantean algunas preguntitas. Si todos somos iguales ante la ley y, según la reforma laboral, se puede despedir a un trabajador con una baja de diez días, ¿podemos despedir a un rey que va estar cuarenta y cinco días de baja, ejerciendo de rey menos de lo que lo hace habitualmente? ¿Vamos a tener que pagar con nuestro dinero también la reparación de la deteriorada osamenta real, quebrada en viaje al extranjero para asesinar elefantes, cuando su país las está pasando canutas? ¿Le parece ético al Borbón gastarse el dinero que se nos sustrae a los ciudadanos de nuestros impuestos para su real mantenimiento, entre otros mantenimientos, como el de los obispos y demás clerigalla, en practicar una costumbre bárbara, medieval y que repugna a muchos millones de españoles?

En cualquier caso, insisto, es un hecho de justicia poética el que el Borbón se haya roto la cadera cazando y el que su nieto se haya destrozado un pie por más de lo mismo. Hasta podrían inventarse pareadillos ‘Aquí yace don Favila, al que se comió una osa, así aprenderéis, mortales, a no matar animales’. Como soy un desastre con los pareados y no se me ocurre el adecuado al Borbón, me limitaré a congratularme del acto de justicia que supone que el accidente se haya producido el día del 81º aniversario de la proclamación de la II República. Así aprenderá a no cazar animales, aunque me temo que, por lo avanzado de la edad, las lecciones le servirán ya para poco.

Y mientras el rey estaba siendo operado a causa de la caída o resbalón de elefante, por así decirlo, muchos ciudadanos no hemos querido olvidar o pasar por alto el aniversario de la proclamación de la II República. En Madrid, Barcelona y otras ciudades, miles de personas salieron a la calle a reivindicar la fecha que conmemora cómo se abrieron las ventanas de este país de países para que entrara una bocanada de aire fresco, de cultura y de miles de colegios. Un plan para convertir la España de charanga, pandereta, cerrado, y sacristía, caza y toros, en un país cultivado y moderno, proyecto que duró muy breve tiempo porque ciertos salvajes militares africanistas, una oligarquía cerril y una tan retrógrada iglesia como lo es en la actualidad, cercenó las esperanzas de los españoles.

En las manifestaciones conmemorativas de la proclamación de la II República, no participaron solo los republicanos nostálgicos, sino los indignados del 15-M, que quisieron sumarse para clamar contra las reformas y los recortes aplicados por un partido, el PP, hijo genético, ideológico o ambos a la vez, de quienes se levantaron contra la II República. Buena ocasión el aniversario para reclamar la llegada de una III que no esté sometida a la oligarquía financiera europea, que no nos obligue a mantener a cazadores vagos y crueles que se gastan el dinero de todos los españoles en lujos sin cuento y en ser crueles. 

La imagen censurada, que de todas maneras se ha podido ver en varios medios digitales, del Borbón posando satisfecho y henchido del orgullo de quien carece de alma y de sensibilidad junto al cadáver de un espléndido paquidermo vilmente asesinado en palmaria desigualdad, esa barbarie, insisto, y encima, a costa de nuestro dinero, sería razón suficiente para muchos, aunque las haya a miles y más importantes aun para gritar este catorce de abril: ¡VIVA LA III REPÚBLICA!

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