Ir al contenido principal

¿Hay derechos humanos en Uzbekistán? No, pero hay bases, uranio y oro

Con esto de la crisis, los europeos, y cómo no, los españolitos, no hacemos más que mirarnos el ombligo o la cartera, no vemos más allá de la prima de riesgo, el déficit o los recortes. El mundo se nos ha desdibujado y apenas si somos capaces de reconocer la existencia de otros países, otras sociedades y otro mundo fuera de las fronteras que marcan los mercados y nuestras convulsas economías.

Nos hemos olvidado, por ejemplo, de Haití, ni Forges nos pide ya que no lo olvidemos. Y si nos hemos olvidado de ese país destruido por un terrible terremoto y por la pobreza endémica de sus habitantes, ¿cómo vamos a preocuparnos, interesarnos o incluso conocer la existencia de otros países de los que apenas sabemos el nombre y vagamente su ubicación en el planeta?

Pero en ocasiones llega a nuestro correo alguna noticia que sacude la ignorancia y la despreocupación, y si se posee un mínimo de sensibilidad, la reacción suele ser de estupor y de preguntarse, ¿cómo pueden suceder estas cosas en el mundo? Y sobre todo, ¿cómo consienten las grandes potencias que sucedan?

Existe un país en Asia llamado Uzbekistán, antiguo miembro de la URSS, en el que el respeto por los derechos humanos es nulo, donde se tortura a los presos políticos, no existen libertades formales y su presidente, que está siendo reelegido desde hace decenios mediante prórroga de mandatos, no permite más oposición que un remedo de esta, partidos que están a su servicio y que no plantean problemas, lo que equivale a que en ese país no exista oposición alguna y a que se cometan atrocidades como la siguiente, de la que da cuenta Avaaz.org.

Esta organización solicita a todos aquellos a quienes remite un correo que firmen una carta solicitando a Hillary Clinton que condene un programa de esterilización de las mujeres que se sigue en aquel país, sin su consentimiento y engañadas, para que su gobierno deje de darle millones de dólares. Explica Avaaz.org que, con el fin de controlar la natalidad, el dictador de Uzbekistán está obligando a los médicos a extirparle el útero a miles de mujeres que ni se enteran, mucho menos lo han consentido.

 El dictador de facto de Uzbekistán, Islam Karimov, tal como lo describe Avaaz.org es “uno de los peores dictadores del mundo: ha llegado incluso a cocinar vivos a activistas de la oposición”. Sin embargo, explica también Avaaz, el régimen de ese monstruo está respaldado con millones de dólares del gobierno de EE.UU., que, a cambio, obtiene de ese país la facilidad de transportar a Afganistán a sus militares. Y como se trata de un aliado bélico de USA, USA cierra los ojos y los oídos a la brutalidad, le viene muy bien la amistad del dictador.

Lo que pone de manifiesto que al país más poderoso de la tierra le importan los derechos humanos lo que a mí una juerga mística, pongamos un procesión y siempre que no pase por debajo de mi ventana. USA ha invadido países a lo largo de la historia del siglo XX, y lo que llevamos de este, con el argumento de liberar de dictadores a los pueblos para implantar la democracia. Lo que deja de decir es que siempre y cuando la desaparición de tales dictadores le resulte rentable.

Invadió Iraq, contándonos primero que había armas de destrucción masiva y, cuando se mostró palmariamente que era una falsedad, dijo que no importaba, que en todo caso los iraquíes estaban sometidos a una dictadura. Nunca he pensado que Sadam Hussein fuera un santo varón, pero lo cierto es el Iraq de Sadam era un país moderno, las mujeres tenían los mismos derechos que los hombres y nadie las obligaba a ir cubiertas con negros ropones. La invasión de USA, de paso que destruyó el país, lo regresó a la Edad Media, no solo por la desaparición de infraestructuras, como hospitales, colegios, universidades, museos y medios de comunicación, sino retrotrayendo a sus ciudadanos, sobre todo a sus ciudadanas -que estas historias suelen ser iguales siempre- a someterse a los fanáticos religiosos que laminaron sus derechos. Poco le importaron a USA las mujeres y los niños iraquíes. Solo quería su petróleo.

Cuando invadieron Afganistán, tras habernos contado que una de las razones por las que se le invadía, aparte de por haber destruido obras de arte como unos viejos Budas de adobe, era con la intención de liberar a las mujeres del sometimiento cruel en el que vivían, obligadas a hacerlo bajo una cárcel de tela y rejillas, pero colocaron a un presidente títere que mantiene las mismas leyes contra las mujeres, las cuales no se vieron libres ni del burka, ni del sometimiento a los varones.

Ahora nos llegan noticias de Uzbekistán, país lejano cuya existencia casi ignorábamos, apenas si conocíamos el nombre, porque resulta que hay que pedirle a la señora Clinton que, ya que se manifiesta defensora de las mujeres, deje el gobierno del que ella forma parte de apoyar al tirano que las sojuzga y que las utiliza como si fueran animales. Es seguro que la señora Clinton no le haga ni puñetero caso a la solicitud de Avaaz.org por millones de firmas que avalen su petición. Lo importante para USA no son los derechos humanos, aunque salga de cuando en cuando ufanándose de ser la liberadora de los oprimidos -que es precisamente cuando uno se echa a temblar-, y mucho menos los de las mujeres de aquellos países en los que le resulta conveniente y rentable mantener a los dictadores por criminales que sean.

Uzbekistán tiene oro, uranio y gas natural, materias primas muy útiles y necesarias a USA, que además cuenta en ese país con bases militares desde las que poder enviar tropas a Afganistán. En esa situación, ¿qué puede importarles a los americanos en general, a la señora Clinton en particular, que sus mujeres vivan sometidas, sean vejadas y que su presidente-dictador cometa atrocidades con ellas? Uzbekistán es amigo de los americanos, y los americanos, ya lo dice un refrán yanqui, a sus amigos se lo consienten todo.

Comentarios

Entradas populares de este blog

26J: ¿Pucherazo o estupidez del pueblo?

Susana Díaz: El enemigo en casa

Crónica en negro del País Valencià: ¿Carlos Fabra implicado en asuntos mucho peores que la corrupción?

Quienes gustan de la historia, saben que muchos acontecimientos nunca explicados por los coetáneos de hechos ominosos, acaban apareciendo claros como el cristal con el transcurrir de años, o de los siglos. Acontecimientos políticos, guerras sin sentido que respondían a intereses económicos ocultos o, incluso, a pasiones de índole sexual, se desvelaron con el paso del tiempo aunque, para quienes fueron testigos directos hubieran constituido secretos insondables.
Una publicación catalana, El Triangle, sacaba a la luz en días en pasados un artículo sobre el crimen de las niñas de Alcàsser en el que, según recoge un amplio reportaje en su edición de papel, la confesión de un arrepentido podría implicar al todopoderoso y corrupto Carlos Fabra, expresidente de la Diputación de Castellón durante largos años, en una red de pornografía infantil que llevaba a cabo, igualmente, un amplio abanico de actividades ilícitas: importación y venta de cocaína procedente de Panamá, tráfico de armas, trapic…