Ir al contenido principal

Flamenco y Vino: La imagen que no nos gustaría tener pero que damos

Hace muchos años, en Londres, conversando en francés con un inglés –cosa insólita en los ciudadanos de las islas británicas, convencidos de que su idioma es el del Imperio y que todos estamos obligados a hablarlo- se sorprendía de que yo fuese española, primero por mi aspecto físico, y después porque abominase de los tauricidios, me declarase atea y avergonzada de haber sufrido una dictadura durante cuarenta años. A aquel británico no le cabía en la cabeza que una mujer española no fuese una maciza de larga melena y ojos como el azabache. Y mucho más le sorprendía que aquella delgadita rubia de ojos verdosos no hubiese asistido jamás a una corrida de toros o que le pareciesen las procesiones un espectáculo arcaico y absurdo. El buen hombre no era capaz de asumir que las españolas fuésemos como cualquier otra europea, morenas, castañas, rubias o pelirrojas, que la mayoría de la población no aprobase las corridas de toros, o que una gran parte de la sociedad pasara de religión.

He recordado aquella charla con un extraño británico que hablaba francés, mantenida en un pub clásico en el que se bebía cerveza, y entonces, estaba lleno de humo de cigarrillos, al conocer las palabras del embajador estadounidense Richard A. Boucher, secretario general adjunto de la OCDE –Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico-, que sorprendió el pasado miércoles a los asistentes a un seminario sobre la primavera árabe, organizado en Marsella por la Asamblea Parlamentaria de la OTAN, con una declaración insólita: “Nadie quiere ser hoy como España. España solo vale para el flamenco y el vino tinto”.

La afirmación concitó el enfado y repulsa del único español presente en la reunión, el ex secretario de Estado ante la UE, Diego López Garrido. Desde luego la afirmación del señor Boucher, que bien podría llamarse mister Boutade, es ofensiva. Pero desgraciadamente somos los españolitos, o mejor dicho, sus gobernantes, quienes tienen la culpa de que se tenga esa imagen de nuestro país. Imagen de la que abominamos muchos ciudadanos desde hace centenares de años, pero que unos cuantos se empeñan en perpetuar para alipori de los más.

Porque quien dice flamenco y vino dice señorito andaluz, y quien dice señorito andaluz dice vago agarrado a una escopeta en lugar de atender alguna de sus obligaciones, de tenerla. Los mismísimo que el rey Juan Carlos, que se largó a cazar elefantes –especie protegida, recuerdo- a Botsuana mientras la prima de riesgo se disparaba y los españolitos ya no contamos con agujeros suficientes en el cinturón para apretarlo más.

País poco serio, donde el ministro de Educación, Cultura y Deporte, declara que la barbarie de los tauricidios tiene que estar presente en lo que él llama ‘la marca España’, un modo de mercantilizar la identidad de este país de países. No me digan que con esos planteamientos no se buscan comentarios como los de mister Boucher.

La triste realidad es que cuando este país acude a una feria internacional los organizadores se hartan de mostrar imágenes de bailaoras con faralaes y toreros, y nunca se les ha ocurrido mostrar logros científicos de los españoles. Debe ser, entre otras cosas, porque los científicos españoles se ven obligados a exiliarse porque aquí no se da un duro a la investigación.

Tampoco se preocupan mucho los organizadores de divulgar lo que el ministro Wert ha dado en llamar ‘la marca España’ –ahora todo son marcas, pero como sigamos como vamos acabaremos siendo línea blanca- con la riqueza cultural, los grandes literatos y pintores que han brillado a lo largo de siglos, aunque en el presente andemos un poco escasos de genios.  

Ni se plantean, esos tan aficionados a que el mundo asocie nuestra imagen con algo que no sea la bailaora, el torero, la tortilla de patatas, el jamón y el vino fino, dar cuenta de nuestra riqueza arqueológica, porque esta muere, por desgracia y con demasiada frecuencia, a manos de la desidia y el desinterés de unos gobernantes ágrafos que no tiene ni idea del valor de los vestigios de antiguas culturas. No está tan lejana la noticia del destrozo de una villa romana en la Comunidad de Castilla y León, donde uno de sus dirigentes, del PP of course, explicaba el destrozo porque ‘como hay muchos restos arqueológicos no podemos vigilarlos todos’.

Desgraciadamente lo que ese poco inteligente ministro de Cultura, Educación y Deporte que nos ha caído encima como una maldición, llama ‘la marca España’ es la de un país donde los jóvenes ingleses vienen a ponerse hasta las patas de alcohol y donde los franceses y los camioneros de toda Europa acuden a visitar los puticlubs que florecen en poblaciones cercanas a la frontera gala, y en numerosas carreteras de todo el país. Y es que, para bochorno de muchas, estos territorios son los que más prostitución recogen de toda Europa, donde las mafias de tráfico de personas campan por sus respetos y donde sus habitantes varoncitos son los más puteros de la UE con diferencia. Súmese a ello esos espectáculos tan sui géneris e incomprensibles para las mentes extranjeras como las procesiones de Semana Santa, las salvajes fiestas populares en las que se cometen atrocidades con animales, o los participantes en las galas de Eurovisión en las que los cantantes tienen más de folclóricos que de músicos modernos.

Las palabras del representante de USA en la OCDE fueron una grosería, pero no se alejan mucho de la verdad, o al menos de la imagen que se empeñan en dar de nuestro país los propios dirigentes, incluido el monarca, que hace el papel de señorito andaluz, con todas y cada una de sus lacras, sin ahorrase ninguna.

Seguimos siendo ante los ojos de los foráneos la España de charanga y pandereta, cerrado y sacristía. Una imagen que cambiaría si nos europeizásemos un poco en cosas diferentes a estar sometidos a las políticas económicas que ordena Merkel, aunque excepto en eso seguimos respondiendo a la imagen del pícaro, el torero y la folclórica.

Con esos conceptos, ese jefe de Estado, y esos gobernantes, ¿por qué vamos a quejarnos de que el representante de USA en la OCDE diga que este país es el de las folclóricas y el vino? No nos quejemos de que suba la prima de riesgo y Argentina nacionalice YPF. Si queremos que nos tomen en serio, deberíamos empezar a ser serios, y olvidarnos de la caspa que hasta el presente parece que no podemos quitarnos de encima ni usando litros de esos champús que anuncian en televisión jovencitos medio desnudos.

Comentarios

Entradas populares de este blog

26J: ¿Pucherazo o estupidez del pueblo?

Susana Díaz: El enemigo en casa

Crónica en negro del País Valencià: ¿Carlos Fabra implicado en asuntos mucho peores que la corrupción?

Quienes gustan de la historia, saben que muchos acontecimientos nunca explicados por los coetáneos de hechos ominosos, acaban apareciendo claros como el cristal con el transcurrir de años, o de los siglos. Acontecimientos políticos, guerras sin sentido que respondían a intereses económicos ocultos o, incluso, a pasiones de índole sexual, se desvelaron con el paso del tiempo aunque, para quienes fueron testigos directos hubieran constituido secretos insondables.
Una publicación catalana, El Triangle, sacaba a la luz en días en pasados un artículo sobre el crimen de las niñas de Alcàsser en el que, según recoge un amplio reportaje en su edición de papel, la confesión de un arrepentido podría implicar al todopoderoso y corrupto Carlos Fabra, expresidente de la Diputación de Castellón durante largos años, en una red de pornografía infantil que llevaba a cabo, igualmente, un amplio abanico de actividades ilícitas: importación y venta de cocaína procedente de Panamá, tráfico de armas, trapic…