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1977: Sábado Santo Rojo. 2012: Pascua fascista


Han pasado treinta y cinco años desde que el presidente Suárez legalizó, por sorpresa y en sábado, el PC. Desde entonces, a aquel día la historia lo conoce como ‘el sábado santo rojo’. Esta misma mañana, en La Sexta, el nonagenario exlíder del PC Santiago Carrillo confirmaba que el presidente Suárez eligió esa fecha vacacional porque ‘la mayoría de los ministros estaban de vacaciones y los jefes militares también’. Aquella táctica del entonces presidente del gobierno al tomar una medida que por entonces supuso un acontecimiento loable para las izquierdas y una ofensa para la ultraderecha y los milicos, que aún tenían mucho poder, parece ser que le gustó al PP porque no hace sino copiar la táctica para cazar a la oposición y a la ciudadanía desprevenidas, esta vez tomando decisiones harto preocupantes en Pascua.

 Hoy, cuando aún muchos andan con la resaca de las vacaciones, y en Catalunya, València, Euskadi y Navarra se sigue gozando de ellas, Raxoi ha aprovechado para, a traición y a través de un escueto comunicado de prensa, con su habitual cobardía de no dar la cara tampoco esta vez, anunciar el recorte de diez mil millones de euros a la Sanidad y la Educación Públicas, lo que supondrá la privatización de ambos servicios públicos, que dejarán de serlo, acabando así, de un golpe brutal, con la universalización de la sanidad, pero que nadie se engañe con la idea de que la nuestra es la mejor de Europa, porque en este país de países ya se venía dedicando menos dinero a esa partida que países como Francia, Alemania, Portugal o Italia.

El gobierno, con su habitual proceder taimado y trapacero de no decir las cosas claritas para asestar los golpes sin provocar reacciones virulentas, ha hecho el anuncio sin permitir que nadie preguntara, que nadie tuviera tiempo a reaccionar. Aunque esta vez parece no haberlo conseguido del todo, porque la oposición ha salido en tromba a criticar el modo de hacer el anuncio a falta de conocer los detalles, y a pesar de que su táctica deje coja la posibilidad de hacerlas de otra manera que la que han dejado entrever, que no es otra cosa lo que está dispuesto a robarnos sino lo más básico del estado del bienestar, y no precisamente por la crisis, sino y sobre todo, por su ideología ultra neocon. Porque, no me cansaré de repetirlo, si tanta falta hace reducir el gasto, podrían anularse las donaciones a la secta católica, dejar de perdonarle los impuestos, y dejarse de perdones para con los delitos fiscales.


Mas la táctica de Suárez de aprovechar los días de vacaciones para hacer anuncios criminales no se limitaron a los recortes, porque también expusieron, en plenas vacaciones, su voluntad de endurecer el Código Penal, a pesar de que dicen los juristas que este país de países tiene unas leyes penales mucho más duras que el resto de nuestro entorno europeo, como dicen que los índices de delincuencia son menores que en el resto de la UE. En ese caso cabe preguntarse, ¿a cuenta de qué el PP necesita endurecer las leyes penales?

La respuesta anda en los aspectos en los que quiere aplicar esos agravamientos. Lo hace, pues, obedeciendo de paso a su ideología fascista, puesto que su intención es aumentar y castigar con penas de cárcel lo que llama ‘desobediencia a la autoridad’, para mejor controlar así las manifestaciones en contra de sus recortes, de sus abusos y de sus ucases, poniendo en evidencia, en suma que, con el Código Penal en la mano, lo que pretende, quiere y está dispuesto a hacer es acabar con el derecho de manifestación. A la vez que, y no debe jugarse a no tomarse todo esto con la gravedad que corresponde, dar por finiquitado el derecho de huelga frente a las reformas laborales, dejando así a la ciudadanía indefensa y muda ante los abusos más propios de un estado autoritario que de una democracia. A esas reformas que planea el PP, bien puede tildárselas de golpe de estado desde el estado y contra nuestra propia Constitución, que reconoce ambos derechos, el de manifestación y el de huelga.

Los planes del PP tienen un tufo fascista que produce escalofríos, como el endurecimiento de penas contra lo que en su particular jerga llaman ‘algaradas callejeras’. Ese propósito ya lo adelantó en el Senado el Ministro del Interior, Jorge Fernández, tras las manifestaciones de los alumnos del IES Lluis Vives de València. Por lo que se puede colegir que su propósito es el de coartar cualquier atisbo de protesta ciudadana ante el temor de acabar en la cárcel por haberse manifestado. Estas medidas son sin duda, insisto y nunca lo haré lo suficiente, más propias de una dictadura que de un régimen democrático, aunque no debieran sorprendernos viniendo de un partido como el PP.

En cuanto a las penas por hurto, anuncia también medidas que podrían calificarse de hipócritas o muy propias de países talibanes ya que, que tras la modificación legal que llevará a cabo el gobierno con su mayoría absoluta, se considerará delito mayor cualquier hurto, sea de una barra de pan, sea de mil millones, aunque no se apuren los ladrones de verdad, los de guante blanco de siempre, que a los que roben al fisco el PP les concederá amnistía. Contra quienes quiere endurecer las leyes es contra los desesperados que logren hurtar en un supermercado un paquete de jamón York para sus hijos, que hay que proteger la propiedad privada, dejando caer todo el peso de la ley contra quien roba una minucia. A los que roban millones no les afectará esa modificación legal, como dije, que ya se encarga el propio PP de ir desahaciéndose de los jueces que pudieran llegar a procesar a  delincuentes de guante blanco. Muy en especial, si le son afines, y sobre esta cuestión no descubro nada que no sepa todo el mundo.

 La reforma del Código Penal del PP no se cuestiona, sin embargo, endurecer las penas contra los corruptos, contra los banqueros que se quedan ilícitamente el dinero de los ciudadanos, contra los que cometen delitos ecológicos, o contra los maltratadores de animales domésticos, por más que lo hayan reclamado a través de cientos de miles de firmas muchos ciudadanos y asociaciones animalistas.

Con esas reformas legales, con los recortes del estado del bienestar, que a partir de ahora no deberán llamarse recortes sino feroces amputaciones sin anestesia, que no hay, el PP está dando muestras de lo que es, y está llevando a cabo lo que muchos advertimos que llevaría adelante cuando llegara al poder, aunque particularmente admita haberme quedado muy corta. No se trata de que Europa esté imponiendo estos descalabros democráticos, lo único que exige la UE es la reducción del déficit, nada le importan a los voraces mercados y a los tecnócratas neocon de Bruselas y Alemania qué código penal y qué leyes tengamos los españolitos. Todas esas decisiones son fruto de la ideología fascista de un gobierno heredero directo de aquellos que aplicaban sus antecesores, de sangre o no, pero antecesores. Son los representantes de la dictadura franquista que reverdece con la llegada al poder del ultraderechista PP. Atrévanse a decirme que no lo habían notado.

No se extrañen si la próxima decisión de este gobierno es la de coartar y limitar la libertad de expresión y condenar con penas de cárcel a quienes lo critiquemos. Son capaces de eso y de bastante más.

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